Sevilla será, con diferencia, la provincia andaluza más golpeada por la nueva oleada de aranceles impulsada por la Administración Trump, que amenaza con agravar aún más la situación de sectores clave como la aceituna de mesa. La provincia concentra casi el 30% de las exportaciones de Andalucía —932 millones de euros en 2024— y buena parte de ese volumen está directamente amenazado por las nuevas barreras impuestas a productos agroalimentarios españoles.
El caso más dramático es el de la aceituna negra, que ya soporta un arancel del 31,5% desde 2018 como consecuencia de una demanda por supuestas prácticas de ‘dumping’ y ayudas ilegales. Ahora, se suma un nuevo gravamen del 20%, elevando el total al 51,5%, según Antonio de Mora, director general de Asemesa, la patronal del sector.
El impacto no será solo para quienes ya sufrían ese 31,5%. Empresas sevillanas que hasta ahora habían logrado reducir el arancel tras presentar alegaciones ante las autoridades estadounidenses —como Agro Sevilla (7,76%), Ángel Camacho (6,99%), Dcoop, Interoliva y Aceitunas del Guadalquivir (todas con un 7,32%)— verán cómo sus costes se disparan con un aumento de hasta 20 puntos porcentuales.
Según Asemesa, solo este conflicto ha provocado ya la pérdida de 280 millones de euros en facturación en el mercado estadounidense.
A este escenario se suma una nueva amenaza: la aceituna verde, que hasta ahora había quedado fuera de los aranceles, también será incluida en el nuevo paquete de restricciones. Aunque España apenas tiene competencia real en este segmento —solo Grecia podría disputarle mercado, y también sufrirá el mismo arancel del 20%—, el temor es que el alza de precios espante a los consumidores y que países como Marruecos, Egipto o Turquía —cuyos productos solo enfrentan una tasa del 10%— ganen cuota a costa de los productores españoles.
El riesgo es evidente: la pérdida de un mercado en el que España vendió aceitunas por valor de 164 millones de euros en 2024 y donde el consumidor final puede dejar de adquirir un producto que no es de primera necesidad.
Pese al pesimismo, algunas empresas andaluzas ya se están rearmando para resistir. Aceitunas del Guadalquivir, por ejemplo, anunció recientemente la compra de Bell-Carter, una de las principales firmas del sector en Estados Unidos, lo que podría permitirle sortear los aranceles desde dentro del mercado americano.
Mientras tanto, el sector pide apoyo institucional y medidas urgentes para evitar un colapso de uno de los motores económicos de Sevilla y de buena parte del campo andaluz. El impacto no será solo empresarial: está en juego el empleo y la sostenibilidad de un modelo agrícola que ha sido durante años punta de lanza de la exportación española.